Opinión

Kínder Grilla

Pablo Bernach

¡Houston we have a problem!, es la frasecita que escuchamos en las películas del espacio, cuando un grupo de astronautas en una nave del tamaño de un tinaco están a punto de visitar a San Pedro. Ayer celebramos la famosísima batalla de Puebla, cuando un batallón de mexicanos en calzones blancos y machetes hicieron correr a los soldados de Napoleón, claro, sin Napo al mando.

Mientras que, en Chihuahua, en la Ciudad de México, en Estados Unidos y veremos qué sucede en la pobre Francia mañana domingo, batallones de mediocres, bocones, demagogos, incapaces y lo que se le ocurra, mi estimado lector, arruinan el poco entusiasmo que habíamos ahorrado.

Cuando me disponía a escribir este artículo, buscaba entre los temas de la semana y sopas, como, cuando regresamos de un largo viaje y abrimos el refrigerador, me recibió no un contundente hedor, sino un aroma ligeramente fétido, porque hasta para pudrir algo se necesita energía y contundencia.

Un bufet legislativo, ejecutivo, judicial y tribal, porque partidos políticos ya no hay. Una sarta de tonterías, ocurrencias, levantadas de falda y bajadas del pantalón, sazonadas con la más depurada improvisación. Donde al levantarnos hay que ingerir de un trago un galón de Alka Seltzer.

Veamos la lista de genialidades para tema de este artículo:

Que dizque un brillante funcionario de Comunicación Social del Gobierno del Estado distribuyó una lista indicando a los burócratas desorientados de confianza sobre de cuáles reporteros tienen que cuidarse, lo que motivó un tsunami de indignación, no sé si cabildeado por la envidia de los reporteros que no aparecieron en la lista.

Que en el IEE están desesperando por el memorando del Congreso del Estado para justiciarse al asistente del presidente, que le extendió una constancia de no candidatura al Panchito con candidatura, que ya renunció, pero que ahora un juez de distrito afirma que Panchito sí era el auditor, aunque Corral no hubiera publicado el decreto de nombramiento, chirinola que enfría al Oso Valenzuela y eleva la temperatura en la junta de coordinación parlamentaria, porque amenazan con quemar con leña verde, azul, amarilla y tricolor a Blanca Gámez.

En el pristosaurio se les desplanchó la elección de presidente estatal, porque se les apareció y registró la planilla blanca, y ahora la planilla negra de postduartistas tendrá que jugar a la democracia y en esos territorios tales excesos van acompañados de agarres, mordidas, chupetes y levantadas de enaguas, en pocas palabras son de antología, léase, alto rating telenovelero.

Por las tierras de los menones resucitó el Pingüino Ramos Molina, ahora con el tema del apocalipsis del agua. En el pasado alborotó a los deudores de la banca, a los tarahumaras con la sequía del 94 y en el intento de referendo del 97 nos rellenó de firmas apócrifas que encontró el IFE. Pero consiguió que Banrural le refaccionaria un panteón. Larga vida al activista cuauhtemense.

Finalmente, Trump logró y celebró que la cámara de representantes aboliera el sistema de salud Obama Care, que algunos precipitados comunicadores calificaron como el final de tal legislación, siendo que todavía le falta a Trump la mayoría en el Senado, que a los analistas serios se les antoja improbable.

Y la cereza del pastel semanal, una sublime declaración de EPN, “que regresó la violencia”, ¿cómo la ve, mi estimado lector?, ¿cuál tema le quita el sueño?



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