Opinión

Posmopolitan: De los “hechos” a las “verdades” o del poder de la información

Daniel Sosa

La semana pasada se vivieron dos eventos de cierta relevancia internacional, con el foco centrado en Estados Unidos y sobre todo sobre dos figuras de la cultura pop actual: Donald Trump y Facebook. Más allá de todo lo ya dicho, muchos pasan por alto un detalle particular que relaciona el bombardeo a Siria y la comparecencia de Mark Zuckerberg ante el congreso: El uso de los hechos y la fabricación de verdades.

A raíz del escándalo de Cambridge Analytica, mucha gente se quedo con la simple y llana idea de que la red social creada por el señor Zuckerberg se había apropiado de datos personales de forma ilegal para luego venderla, que en realidad fue que nunca nadie leyó sus acuerdos y condiciones cada vez que Facebook anuncia cambios en los mismos. Y es que, explicado de manera sencilla, NOSOTROS aceptamos compartir esos datos con la plataforma, la única falla de la red social fue dejar esos datos vulnerables (si a esto sumamos de que la empresa de Cambridge Analytica reunió la mayoría de su información, más bien, a través de aplicaciones de terceros tipo “quiz” de personalidad, la responsabilidad sigue siendo más de nosotros que de Facebook).

Para seguir con el tema, es importante estar familiarizado con un nuevo fenómeno de la era digital: El Big Data. Big Data (o macrotados, según Wikipedia), fue hasta hace un par de años un enfoque al análisis de grandes cantidades de datos en la industria, por motivos de control de calidad, para el manejo de muestreos masivos en indicadores de desempeño en el ambiente de los procesos y la manufactura. Hay que recordar que la realidad es caótica y aunque sigue ciertos patrones llamados leyes o teorías, en la práctica es mas valioso contrastar cantidades reales y medibles que cifras obtenidas por cálculos. Estos lotes masivos de datos se pueden procesar con nuestras ya muy poderosas computadoras para obtener tendencias y predicciones mas acercadas a sucesos reales que podrían ocurrir en el futuro.

Con estos nuevos manejos de datos y todo el trabajo de estudio socioeconómico del que hemos sido blanco sin darnos cuenta el resultado se veía venir por algunos: Nos tenían bien estudiaditos. Los primeros afectados notables fueron los estadounidenses, quienes fueron blanco de un proselitismo tan diseñado y dirigido a la visión de la vida del mercado objetivo, que negar la verdad (si es que la hubiera) en él, para ellos, fue imposible. Formar perfiles así de acertados para un psicólogo puede presentar un trabajo arduo, para una computadora no, menos dándole TODOS los datos que necesita. De esta forma Trump ganó los votos suficientes de una forma tan eficiente que parece mentira, pero pues ya usted sabe cual es el cargo del señor al momento.

Es interesante como de una colección de datos tan vagos e irrelevantes como los que uno puede compartir a través de redes sociales se puedan formar modelos de personalidad tan valiosos; de hechos a verdades. Esta es la forma en la que hacemos ciencia y validamos conocimiento, de lo particular a lo común, de lo específico a lo general, de fenómenos a leyes. Pero que tal que los hechos fueran falsos y las verdades fueran mentiras. ¿Cómo podemos distinguir uno de otro? No lo hacemos, confiamos en que así sea.

Esto da pie al segundo punto: Siria

Pocos se dan el tiempo de realmente sumergirse en su realidad, prefiriendo navegar superficialmente en ella. Muchos temen por un nuevo conflicto armado sin saber todo el contexto de los hechos. Muchos acusan a EUA de fabricar pruebas, otros están firmemente convencidos de que la policía del mundo tiene todo el derecho de salvar (una vez más) el Medio Oriente. Emitir juicios está en oferta, llévele 3×2 en todas nuestras declaraciones.

Aun así, no reparamos en el detalle de que no somos nosotros quienes observamos los hechos, escuchamos interpretaciones, descripciones a medias, parchadas o hasta censuradas. No hay ninguna certeza de lo real, solo nos queda creer en el bando que más nos agrade, con sus datos y sus verdades. Después de todo ¿es valido desconfiar de las instituciones internacionales como la los gobiernos del mundo? La validez de las pruebas que muestran solo es el hecho de que el poder las respalda, nada más.

Pero bueno, esto es México, nación de los analfabetos informáticos, de los tibios políticos, todo esto a nosotros que. No es que estemos presa de un sistema con acceso a todo tipo de información de nuestra parte o que tengamos a la mayoría de nuestra población de escasa educación formados por los medios de comunicación masiva, no es que el gobierno construya realidades oficiales y mucho menos que seamos de los países con mas internautas de América Latina. Es más, no somos un pueblo que deba tomar decisiones realmente importantes o que requiera una educación enfocada más al criterio que al conocimiento. Usted puede confiar plenamente en todo lo que acabo de escribir… ¿o no?.



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