Opinión

¿Hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo?

Christopher Josué Medrano González

Sí hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo para así erradicar al sistema social actual

Sólo cuando nos atrevamos a detenernos un momento a pensar sobre nuestro deber ser y los argumentos que aquí se presentan, entenderemos que debemos de ser virtuosos (hacer el bien), solidarios y cuando seamos solidarios unos con otros, nos reconciliaremos con nosotros mismos, no habrá lucha por la subsistencia de nuestra especie y nos reconciliaremos también con la naturaleza de nuestro planeta.

Y así está el actual sistema social a nivel mundial: uno que privilegia al yo por encima de todos, uno en donde vemos un auge del individualismo. Este sistema ha sido el detonador de los más grandes problemas que ahora enfrentamos los humanos: la terrible contaminación del ambiente, la pobreza de millones de personas, la violencia, entre muchos otros problemas. Lo menos confortante en este momento seria decir que estamos viviendo una descomposición social y del estado, más la estamos viviendo y está bien disfrazada, con un traje de múltiples progresos tecnocientíficos, que nos hacen creer que vamos por el rumbo correcto. Pero hemos retrocedido en lo que respecta a la moral.

Ahora nosotros, los humanos, como producto de esas consecuencias negativas del sistema social actual, en el que estamos inmersos y por el que hemos sido afectados, tenemos dos objetivos claros, totalmente radicales y determinantes, estos son la lucha por la subsistencia de nuestra especie y la reconciliación con la naturaleza (Ojeda, 2012), pues ¿de qué valdría otro interés (económico, cultural, religioso, político) si ya no hubiera vida humana? Sócrates, afirma que conocernos a nosotros mismos es conocer nuestras capacidades para lograr el fin que perseguimos.

Mientras que en un libro sobre ética (el de Ojeda) leía que para valorar y tomar buenas decisiones era necesaria una reflexión constante, un aprendizaje profundo de quienes somos y que queremos. En nuestro caso, me atrevería a afirmar que ya sabemos que somos (humanos), con que capacidades contamos (la razón como la mayor de todas) y qué es lo que queremos: erradicar, contra atacar a ese sistema, un problema social, al lograr dos objetivos claros. Con todo esto, puedo decir que estamos en el mejor de los estados para valorar y tomar buenas decisiones y así lograr el fin que perseguimos.Y ya que nuestro problema es de tipo de social, la ética es la solución y más específicamente hablando, el deber moral, como el valor de la solidaridad. La ética es nuestra posibilidad de, como diría Savater, “vivir una buena vida”, en todos los aspectos.

Es decir, la tesis que defenderé en este ensayo es la siguiente: Hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo, obligación que al ser adquirida por todos nos permitirá erradicar a ese actual sistema social, que es individualista, al lograr dos objetivos por medio de la solidaridad que demostremos. Y ¿por qué no elegir otra cosa que no sea la obligación de ser solidarios con todo el mundo como solución a los problemas? Porque en un sistema individualista en donde solo importa el yo, es justamente la solidaridad o el apoyo o ayuda mutua la que hace falta para que se logre el bien común (el de nosotros los humanos y el de la naturaleza), que tanto nos hace falta ahora.

Considero que es pertinente revisar ciertas categorías de análisis que nos sean útiles para que quede entendido que es eso que estoy defendiendo, mi tesis o como se expresaría en forma de pregunta o problema filosófico (por ser la solidaridad parte de la moral y ésta el objeto de estudio de la ética, uno de los campos de análisis de la filosofía): ¿hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo?, al que siempre buscaré responder con un sí, basándome en argumentos sustentados.

Entonces, lo que estoy tratando de defender es lo siguiente: que la solidaridad entendida como la adhesión o apoyo a una causa o al interés de otros (en esencia, ayudar a los otros en busca del bien común y no ser individualistas, como el sistema) forme parte de los valores de la moral de todos los seres humanos, la cual se define como ese conjunto de valores (como la solidaridad), normas y reglas que regulan la convivencia de los hombres en sociedad (en este ensayo, para evitar el individualismo que afecta a muchos hombres y a la naturaleza misma), con el fin de que el ser solidarios sea en nuestras vidas un acto moral de día a día, el cual sería igual a un acto libre (es decir, no impuesto a manera de ley, que es totalmente contraria a un valor, norma o regla moral, sino impuesto por nosotros mismos), consciente (sabiendo que se está ayudando a otros, siendo solidario) y determinado por un valor, en este caso, la solidaridad.

Todo esto para que en nuestras andanzas por la vida siempre busquemos, además de a nosotros mismos, apoyar a los otros (nuestros semejantes) directamente (con esa moneda que nosotros damos a ese mendigo que nos la pide, por ejemplo) e indirectamente (cuando, por ejemplo, plantamos un árbol sabiendo que será capaz de purificar el aire que todos respiramos, lo que nos beneficia o ayuda) en la medida de lo posible (sin caer en la cuenta de decir que no se tiene nada para dar, puesto que esto nunca es posible, pues se puede dar no solo con dinero, sino también con una decisión o acción encaminada a ayudar) con nuestro hablar (al dar consejos, por ejemplo), actuar (al donar algo a alguien que lo necesita) y decidir diario (que pueda llegar a provocar algún efecto sobre alguien más, siempre buscando no perjudicar a otro, sino beneficiarlo, ayudarlo).

¿Y dónde quedo la parte de nuestra reconciliación con la naturaleza, que también será fundamental para erradicar a ese sistema individualista? Al ser solidarios unos con otros lograremos la subsistencia de nuestra especie (pues ya no habrá humano que mate humano, es decir, ya no habrá humano que no busque ayudar, apoyar a otro humano hasta el punto de matarlo) y en consecuencia nuestra reconciliación con la naturaleza, pues, por ejemplo, yo, siendo solidario, sabré que con mi fábrica que desprende grandes cantidades de gases tóxicos perjudicaré (no ayudaré o apoyaré) a mis semejantes al contaminar el aire que respiran, por lo tanto busco y aplico la forma de producir de tal manera que los perjudique mínimamente (ya que en la medida de lo posible de este ejemplo de que tanto podemos vernos perjudicados por un proceso de tipo industrial, es imposible hasta ahorita que no nos veamos perjudicados tan siquiera en un mínimo grado) y en consecuencia me reconciliare con la naturaleza, pues la beneficiaré también.

En otras palabras, el aseguramiento de la existencia de nuestra especie a través de la solidaridad dará como resultado nuestra reconciliación con la naturaleza y esto ya habrá roto, erradicado a ese sistema individualista, egoísta. Se trata de que con lo que hagamos, digamos o decidamos siempre busquemos ayudar a los otros (ser solidarios). Sartre, sostiene que “nuestra responsabilidad abarca a la humanidad entera”, de nosotros depende hacia donde la dirigimos. Si le damos fin al relato o le damos una saga.

Acorde a la concepción histórica del hombre en la Época Clásica, la Edad Media y la Modernidad, el hombre tiene una naturaleza que lo identifica como tal y esa es la que determina como debe de actuar. Lo que determina como debe de actuar es la moral, el deber ser.

Por lo tanto si se incluyera el valor de la solidaridad en la moral de todos los humanos como un deber ser, todos actuarían de forma solidaria, y ya que la guía para actuar moralmente (conforme al deber ser) es nuestra razón (Frankena, 1965), todos actuarían de forma solidaria y racionalizada (conscientes de que están ayudando, buscando el bien común).

Aristóteles consideró que el hombre es feliz haciendo uso de sus capacidades, poniendo en primer lugar a la capacidad de razonar, todos los hombres serían felices, es decir, no habría el antónimo de la felicidad ocasionado por una lucha por la subsistencia humana o los efectos de una naturaleza en proceso de descomposición…no habría infelicidad ocasionada por un sistema social individualista. La solidaridad habría acabado con esas problemáticas.

La solidaridad como un acto moral es la que ha asegurado la vida hasta el día de hoy y la solidaridad como un acto moral obligatorio es la que asegurara la existencia de la especie humana. Todos, para llegar hasta este día, tuvimos que haber recibido cuidados, apoyo, ayuda, solidaridad. Es decir, lo que ha permitido que a la fecha de hoy todavía existan humanos (transcendentalmente, vida) es la solidaridad practicada no como un deber.

¿Entonces porque no seguir así, sin la necesidad de que la solidaridad se vuelva un deber para asegurar la vida del futuro? Porque justamente aquellos que con su actuar (por ejemplo) amenazan la existencia de la especie humana en el futuro, son los que no practican la solidaridad como una obligación moral. Kant, como resultado de su arduo trabajo filosófico, afirma que el hombre no solo es merecedor de la solidaridad, sino producto de ella. Y con esto la idea está clara: existiremos en tanto que la solidaridad exista. Y no hay mejor forma de asegurar la existencia de la solidaridad que practicándola, haciéndola parte de nuestra moral.

Este planeta, nuestro planeta tierra, es el único lugar que conocemos en donde es posible la vida y que podemos habitar para vivir, por lo tanto lo que digamos, hagamos y decidamos siempre debe de estar orientado no solo a beneficiarnos a nosotros, sino también a apoyar, a ser solidarios, a beneficiar al género humano, en su totalidad, para que así cuidemos de nuestro planeta, en beneficio de todos. Se trata de que se rompan las fronteras y nos convirtamos en ciudadanos del mundo, de que nuestro yo particular englobe a la humanidad entera, de que encontremos el sentido trascendente de lo que hacemos, decimos y decidimos, es decir, no es solo decidir hacer algo para beneficiarnos, sino pensar en si ese algo ayuda o beneficia también a nuestros semejantes, si es solidario o no lo es y entonces actuar solidariamente para así también beneficiar al planeta.

Kant, afirma que el hombre debe de actuar de tal forma que la máxima de su acción pueda convertirse en ley universal; lo cual significa que el hombre debe pensar que su acción debe ser benéfica no solo para él, sino para todo el género humano. A partir de este momento sería bueno que la pregunta siguiente forme parte de nuestras vidas: ¿lo que estoy decidiendo, haciendo o diciendo me beneficia a mí y a los de mi especie? Elijamos nuestro beneficio y ayudemos al planeta.

Si bien Friedrich Nietzsche dice que nadie puede construirnos el puente por el que hemos de caminar sobre la corriente de nuestra vida, nadie a excepción de nosotros (Nietzsche, 1999), tarde que temprano las condiciones del puente o las propias nos imposibilitaran el poder seguir el camino o pasar por la vida, pues con una vida llena de factor humano (todo ese mundo físico e intelectual que hemos creado) y de factor biológico (lo que somos capaces de hacer y lo que no en cada una de las etapas del ciclo de la vida, por ejemplo), se corre el riesgo de que en cualquier momento ya no sepamos cómo seguir o ya no podamos seguir por nuestros propios medios.

Es ahí entonces cuando nos damos cuenta de que en algún punto de nuestras vidas requeriremos del apoyo, de la solidaridad de otros para poder continuar. Y es ahí también cuando reflexionamos acerca de la importancia que tiene el acto moral de ser solidarios siempre, la cual está en el hecho de hacer consciente que el día de hoy debemos de ser solidarios con los otros, para que el día en que nosotros caigamos, ellos sean solidarios con nosotros y nos brinden una mano. Y esa consciencia será la que sea capaz de erradicar al sistema individualista e implantar uno con calificativo solidario.

Finalmente ha llegado el momento de concluir este ensayo y para hacerlo me gustaría hacer uso de un contra argumento. Protágoras de Abdera, sofista de la antigua Grecia, alguna vez dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas; de las que son en tanto que no son y de las que no son en tanto que no son”. Esta frase implica una cierta visión ética: si el hombre es la medida de todas las cosas, entonces es correcto hacer cualquier cosa. No hay nadie más que el sujeto para definir qué es lo bueno y lo malo y de todo esto se obtiene que no existe la posibilidad de un consenso o ley universal.

Es decir, de acuerdo a Protágoras, no es posible que la solidaridad se vuelva parte de la moral de todos, que sea universal. Pero entonces si ya habíamos dicho que el ser humano tiene una naturaleza que determina como debe de actuar y esta es la moral, que es un acto racional que nos dice cuál es el deber ser (lo bueno, para no hacer el no deber ser, lo malo) y si Juan Jacobo Rousseau dice que el hombre es esencialmente bueno, que la vida en sociedad es lo que lo hace malo, entonces solo el hombre será capaz de actuar conforme a su deber ser, el ser bueno (de acuerdo a Rousseau), cuando aplique la racionalidad moral dentro de la sociedad de la cual forma parte y así descubra que el verdadero deber ser (que es la moral) que debe llevar a cabo es ese, ser su esencia (porque ¿cómo es posible que el ser humano sea la única especie que se vuelva contra sí misma hasta el punto de amenazar su propia existencia?), pues actuara conforme al bien (deber ser), se dará cuenta de que iba por el camino equivocado del no deber ser, actuara conforme a todas esas virtudes que existen y que van en contra del no deber ser (lo que se opone al bien, la maldad), las cuales se entienden como aquellas cualidades que tienden al bien, una de ellas la solidaridad (que va en contra del egoísmo, el individualismo).

Y bien lo decía Sócrates, no hay hombres malos, sino ignorantes, que no son racionales y no descubren el deber ser para así ser hombres buenos, que es nuestra naturaleza humana, como él también lo defiende. Entonces, ya puedo estar seguro de lo siguiente: si existe la posibilidad de que la solidaridad pueda convertirse en  una especie de ley universal pues ese es nuestro deber ser, de todos, solo falta razonar moralmente para hacerlo consciente y llevarlo a la práctica.



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