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El exceso de erotismo que enfrenta la infancia actualmente está relacionado con violencias, el Dr. Rodríguez explica al respecto

La persona en desventaja de poder siempre será la víctima: Juan Rodríguez

Durante su conferencia “La sexualidad de la infancia y el hipererotismo en niños y niñas como anomalía en su desarrollo sexual”,
el sexólogo Juan Rodríguez, analizó las posibles consecuencias de este fenómeno y su relación con la violencia.

Dentro del desarrollo sexual infantil es normal que existan “juegos sexuales” entre pares, aquí hablamos de cuando dos niños curiosean sobre cómo son sus cuerpos o dos niñas sobre cómo es su pecho. Dentro de esta parte del desarrollo nunca puede ser partícipe una persona adulta, pues interfiere de manera directa con la salud sexual de la infancia.

Cuando llegan a desarrollarse prácticas sexuales más “adultas” o que no son acordes con la edad del niño o la niña, tales como sugerir dentro de los juegos sexuales cosas como el sexo oral, se puede sospechar la presencia del fenómeno de hipererotización. Es decir, que las y los infantes tengan conductas sexuales anormales al desarrollo sexual de otros infantes.

Pero dichas conductas sexuales anormales pueden indicar síntomas de abuso sexual, porque significa que la niña o el niño aprendió esa conducta de una persona adulta que interfirió en su desarrollo sexual natural o tuvo una exposición a contenido pornográfico o erotizado que hay en la cultura social. Y entiende esa acción que repite como placer, que muchas veces no se comprende en su totalidad.

Un infante hipererotizado durante su adolescencia y adultez a su vez es un abusador sexual en potencia, que además de no generarle una salud sexual le crea problemas y traumas.

Un acosador inteligente tiende a hacer obsequios para generar vínculos afectivos.

En caso de haber sido un caso de abuso sexual infantil, existen dos tipos de acosadores o pederastas quienes actúan de manera esporádica o a quienes se les llama acosadores inteligentes, porque generan vínculos afectivos con la víctima. 

Hay casos en las que un niño o niña hipererotizada seducen a personas adultas, explicó el doctor Juan Ramírez, donde la niña o el niño ya tienen un daño y son partícipes de un abuso sexual. Pero en casos de pederastia, la víctima nunca será la persona adulta aunque exista iniciativa del niño o la niña, porque no hay un desarrollo natural en la sexualidad de la infancia.

La persona en situación de víctima nunca será aquella que tenga menos poder. Las relaciones de violencia tienen que ver con una diferencia de este poder, la participación es distinta, porque la persona adulta actúa desde un escenario de ventaja.

En los casos generales de abuso sexual, es importante la denuncia y que nunca se culpe a la víctima de la violencia sufrida, porque sino se cae en una doble revictimización, causándole más daño.



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