Opinión

Prostitución, un escenario de violencia provocado por la construcción social

¿Qué causa la prostitución y qué consecuencias conlleva? 

Una vez durante un evento académico, al dar unas palabras de bienvenida, una docente dijo algo que posiblemente tarde algún tiempo en olvidar: “la diferencia entre dignidad y honor”. Según ella la dignidad es algo que tenemos todas las personas por el simple hecho de serlo (hasta ahí todo iba bien) y el honor o la honradez no la tiene cualquiera.

Y para aclararlo, dio un pequeño ejemplo: “Si una prostituta por la mañana está con un cliente dormido y borracho, que dejó su pantalón tirado en el piso con su billetera dentro, y decide no robarle, aún así ella por su condición no tiene honradez”.

Volteé a ver a mis compañeros y compañeras que escuchaban, y asentían con la cabeza. Deseé fuertemente que fuera por quedar bien y no por aprobar esa analogía.

Todo esto me hizo pensar en el tema de la prostitución, y en cómo a través de ésta se violenta y estigmatiza a las mujeres. También me hizo llegar a la pregunta que si ¿todas las personas se prostituyen lo hacen porque quieran hacerlo?

Las connotaciones que hay detrás de la prostitución constituyen un escenario muy fuerte de desigualdades y marginación, esquemas de poder e inclusive esclavización.

Pero muchas veces no nos detenemos a pensar en ello dado que es más fácil juzgar a la mujer que ofrece algún servicio sexual, que preguntarnos qué hay de malo dentro del sistema social para que una mujer tenga que aguantar violencia, maltrato físico y discriminación, para tener un ingreso económico o inclusive que lo tenga que aguantar por no tener la opción de decidir por sí misma.

En México se estima que hay 500 mil personas que son explotadas por la prostitución, y el 90% son mujeres y niñas, según la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina. Pero la verdad es que las cifras respecto a este tema son muy pocas, y muchas personas quedan invisibilizadas. A esto hay que sumarle que nuestro país tiene la capital de la esclavitud sexual en el mundo: Tenancingo, Tlaxcala.

Existe una economía desigual entre hombres y mujeres muy grande, tan sólo los productos de higiene básica para mujeres cuestan 18.5% más que el de los hombres, esto acompañado con la brecha salarial que aún se vive pone a las mujeres en grandes desventajas para lograr el acceso a empleos. Inclusive en la escolaridad, según Coneval, cuatro de cada 10 hombres y seis de cada 10 mujeres no cuentan con educación básica en nuestro país. Si esto se le suma el escenario de pobreza general que hay en México y la discriminación de género, obtenemos un entorno de marginación, donde una salida es la prostitución o fugarte de tu casa con un tipo que da promesas de una vida mejor y posteriormente te secuestra y vende en las calles.

Respecto a esquemas de poder, no es casualidad que la mayoría de las personas víctimas de la prostitución sean mujeres, pues también son las principales víctimas de ser vistas y consideradas como un objeto sexual o de servicio, debido a un sistema patriarcal. Esto lo acompaño de una frase que retrata muy bien lo que pasa cuando una mujer se ve obligada a la esclavitud sexual: “el hombre no paga por sexo, paga por poder, paga para limpiar la culpa después de saber que ha violado. El pago por sexo limpia consciencia”, Alika Kinan.

Y el tema de prostitución no sólo queda en las desigualdades que sufren las mujeres y el abuso que implica el oficio, sino también fomenta la existencia del acoso callejero, pues las insinuaciones sexuales y las ofertas por sexo son algo que las mujeres transeúntes se enfrentan día con día.

Fuente: Puteros y prostitución. Alicia Díaz. El Diario.es

Lo más triste de todo este asunto es que la prostitución existe, junto a esta cadena de violencia, por la misma razón que se vende cualquier producto, porque hay quien la consume.



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