Opinión

Apuestan por frente opositor: otro traje nuevo para el Emperador

Carlos Ordóñez

Quién no ha escuchado el cuento de Hans Christian Andersen, donde nos relata sobre un emperador que fue engañado para vestir una tela tan suave que sólo podría ser vista por gente culta y preparada, invisible para cualquier estúpido e incapaz para su cargo.

Pero qué tal si este cuento se aplicará a la vida real, y sea la plaza pública de Chihuahua la víctima de esta treta. Alguien, aún no confeso dentro de la estructura de gobierno, planteó que una mesa panel de políticos de alto nivel, era un proceso de dialogo entre intelectuales. Esto mismo se le vendió a nuestro gobernador, que cayó en el espectáculo y decidió hacer un desfile, para que todos lo viéramos así, sin más: desnudo.

Y es que nuestro Gobernador, Javier Corral Jurado, organizó un debate que tuvo una conclusión electoral al 2018. Con recursos públicos, en lugar público, para tratar temas partidistas, no plural (solo los partidos involucrados en el posible frente opositor), en horario laboral.

Pero ese grupo de organizadores nos quiere vender la idea de que es un espacio de diálogo, de ideas. Un espacio donde sólo un grupo de amigos, sin credenciales académicas, que llevan años tomando decisiones en la vida pública, se sentaron a gritar: “Quién no vea que esto es una reunión de intelectuales es un estúpido”.

Inmediatamente muchos que desean adscribirse a tan exclusivo grupo de gente pensante, buena por definición, alabó el nuevo acto de gobierno. “Es un Encuentro de intelectuales, porque yo no soy estúpido para negarlo”.

Pero, la verdad es que el gobernador va desnudo.

Ahora sabemos como es él. Lejano de ser un intelectual, desvestido, sin la piel de cordero que lleva encima, sabemos que es el típico político partidista, ambicioso y patriarcal que trata a como de lugar, de encajar en el estereotipo que pasó de moda en sus viejos tiempos.

Nuestro gobernador ya no es el niño genio del periodismo, tampoco es ya un periodista, ni un parlamentario, ni un político. Es un partidario más preocupado por la plataforma electoral del 2018, que de los problemas más importantes del país.

Yo soy un intelectual. Pero no crea usted lector que estoy ofendido por no ser invitado a dicho evento. Dudo que las personas que acudieron fueran intelectuales. Eran técnicos de los partidos políticos. Como intelectual lo que me ofende es que a través de tácticas facistas y manipuladoras, los seres que mantienen en crisis a nuestro país, quieran ahora vendernos viejas mentiras como nuevas verdades.

En 2006, se creó un Frente Amplio Democrático (en aquel tiempo progresista). Salvo Corral, Anaya y Madero, que se unen al club, este frente se organizó para apoyar a Andrés Manuel López Obrador para obtener la presidencia. No se apoyaba el sentido de democracia y apertura, se apoyaba más bien la posibilidad de acceder de lleno a manejar el Poder Ejecutivo Federal. Todo bajo la estructura de las viejas ideas que dominaban el globo cuando aún no nacía, en un mundo dividido entre Verdes y Colorados.

Decía Jean Paul Sartre en una entrevista de 1967, que un intelectual es un científico o técnico del saber consciente de ser utilizado y denuncia dicha situación. Y más adelante aclara:

“Hay que saber que un político y un intelectual son dos cosas diferentes. Exigir de un político que haga todo por la causa que abraza quiere decir que se mantenga sobre el plano político, que esté en disponibilidad perpetua, que lleve a cabo las acciones comunes con los que van en su misma dirección; y que, al mismo tiempo, determine un objetivo en función de las posibilidades que descubra en el campo de lo posible. Exigir del intelectual que haga todo ya es otra cosa. El intelectual no tiene poder, porque es un hombre que vive su contradicción en su interior y en lo exterior. El intelectual no tienen ningún poder real, ninguna eficacia real -más tarde podemos volver sobre esto, si Ud. quiere-. Sin embargo, por ser ineficaz es que puede servir. Hay que pedirle que se comprometa totalmente en tanto tiene un trabajo real y tiene una eficacia en ese plano, porque ahí es contradictorio.”

Las personas reunidas con recursos públicos, tienen poder. Tuvieron y tienen el poder para cambiarlo todo, pero aún así quieren disfrazarse como aquellos seres ineficaces que arriesgamos todo cuando alzamos la voz. Quieren decir que son intelectuales porque así evaden la responsabilidad de tener el poder y ser incapaces de realizar un cambio.

Todos los ahí sentados han sido incapaces de realizar un cambio cuando obtuvieron el poder. Porque la palabra cambio para ellos es discurso. Palabras que pueden llenar los titulares de periódicos y diversos especiales en canales de televisión oficiales y oficialistas, y ahora, en las redes sociales de cada ciudadano.

Sin embargo, un intelectual que debe ver las cosas de fondo, en las estructuras tiene el deber de decirles: Esto no fue un cambio, sino la afirmación de la continuidad.

Nada tiene de malo organizar eventos así. No habría problema si lo hubiese organizado Javier Corral con su sueldo, en un espacio privado, en fin de semana, en sus redes sociales personales. No tengo duda alguna que el tendría toda la libertad de realizarlo.

Cuántas veces no nos reunimos nosotros para platicar cosas, y al término de la reunión, como ciudadanos conscientes nos dividimos la cuenta. Y evaluamos éticamente al típico gandalla que se va sin pagar, que no tiene cambio o que nunca aporta pero come mucho.

Pero en la visión ciudadana e intelectual, nunca pasaría por nuestra mente que el gobierno debe pagar nuestra cuenta. Eso sin importar los grandes resultados que pudiéramos obtener en estas reuniones de café.

Pero se utilizaron las redes sociales de las instituciones públicas, la infraestructura pública de comunicación social. Las cámaras y micrófonos del Estado y los espacios públicos.

¿Qué las redes sociales personales y las selfies de estos políticos no pueden atraer reflectores por si mismos? ¿Acaso necesitan el aparato de estado para que los visualicen? Ya imagino a estos neo sartreanos pensando que Jean Paul, era un intelectual porque el gobierno le pagaba todo.

Más allá de los recursos públicos, lo más preocupante es que nuestro gobernador sigue invitando a cenar a costa del erario público a sus compañeros. Ya no será Juan Gabriel y los aliados del partido, pero siguen siendo sus allegados, con aquellos con los que convivo y siento afecto. Sólo se cambió al Divo de Juárez por los “Pseudo-Intelectuales”.

Pero este es un buen termómetro. Porque nos permite conocer su ideología política y nos da una radiografía de sus procesos de toma de decisiones: Un gobierno sin perspectiva de género, sin diversidad y sin interculturalidad.

Pienso en muchas mujeres intelectuales que tienen mucho más que decir que Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo sobre el futuro del país. Pienso en miles de personas jóvenes, niñas, niños y adolescentes que han aportado en poco tiempo más al desarrollo del país que Claudia Jusidman y Agustin Basave.

Se de muchos intelectuales indígenas, que conocen mejor la problemática social que tiene este país tan desigual.

Esos son los verdaderos problemas. Pero lo importante es citar a las mismas personas de siempre, a la cúpula, a los privilegiados, a los que han militado en los partidos políticos a su conveniencia; quienes viven del erario público y no de su sueldo.

En lo personal tengo junto a varios compañeros también reuniones periódicas de intelectuales. Y si, de vez en vez nos gusta darnos a conocer en la sociedad. Y de vez en vez hacemos magnos eventos. Invitamos a grandes, nobeles, investigadores, científicos de renombre y filósofos. Pero siempre las comidas las pagamos nosotros, el vuelo lo pagamos nosotros, los lujos si los llegan a haber los pagamos nosotros.

Pero este viernes los vinos le costaron a todos. Y todos somos todos y todas. Mujeres, hombres, priístas, panistas, morenistas, indígenas, todos. El gobierno pagó un evento personal, cambiando a Juan Gabriel por “intelectuales”.

Se dijo con Duarte, pero el totalitarismo de dicho gobernante impidió que no pasara de los comentarios en redes sociales. Que Duarte invitara a Juan Gabriel no era delito. Que Corral invite intelectuales tampoco. Pero ambos se ven mal, no importa si uno es más caro que el otro.

Pero el discurso del nuevo amanecer es que el gobernador tiene un nuevo traje que solo los intelectuales pueden ver. Cabe esperar cuantos niños impertinentes dirán la verdad.

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