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Chihuahua, un paseo entre cultura, gastronomía y naturaleza

Emprendiendo un camino por el fantasmagórico pasillo de mi hogar, también llamado municipio de Chihuahua, descubrí alternativas fascinantes para visitar afuera de mi habitación en la que duermo. La mansión con sus impresionantes paisajes me indican que debo incluirlos en el viaje por la cultura y los lugares más escondidos y, por qué no, también los más vistos.

A mi izquierda da un pasillo hacia una puerta verdosa con un aire limpio que entra a mis pulmones, la perilla tenía una espinosa y robusta planta, que al girarla, abrió la puerta, que hacía un chillido metálico y me producía una especie de hormigueo en mí, por lo que entré inmediatamente en una especie de desierto. Las tonalidades de la habitación eran verdes, marrones y grises, sin embargo, a pesar de estar en silencio, había vida, mucha vegetación, plantas por los suelos, los techos, en cada rincón y sólo un pequeño camino de piedras para poder verlo todo.

Existen maravillosos lugares que puedes atravesar de camino a casa, al salir del trabajo o para invitar a un alguien a pasar el rato. Además de que Chihuahua Bárbaro tiene un paseo turístico.

A un lado de una puerta de vidrio se hallaban estantes con macetas de tamaños diminutos con montones de suculentas y cactus propios de nuestra cultura. Grandes, pequeños, delgados, gordos, unos más oscuros que otros, algunos con flores, otros con frutos, 900 especies me abrazaban a la vista, ocultando su hermosura por enormes casitas que las protegían de los cambios de temperatura. En este espacio se encontraban además tortugas que resguardaban a los cactus, una en cada rincón. Y no eran las únicas, pues había unos patos fabulosos cuidando del maguey más grande del lugar, el cual se veía rodeado de fósiles y junto a un pequeño lago artificial que servía para refrescar a los mamíferos.

Al terminar mi recorrido al lado de la cuidadora del Museo Botánico de Cactus y de Plantas Crasas de Conchita Rangel, encontré una segunda puerta que daba hacia el patio trasero, donde incluía un armonioso sonido del agua, que rompía las olas contra las rocas. Cuando al fin pude ver el exterior me encontré con risas de niños y familias quienes llevaban consigo mascotas para pasear.

También se podía ver uno que otro pensador que intentaba salir del mundo real e introducirse en las aguas tranquilas de la presa El Rejón, sitio obligado de la cultura de la ciudad. A un lado todo lo contrario, diversión andante, el rugir del motor de las cuatrimotos, lanchas movilizadas por los remos y unos por los pedales. En la orilla del muelle se podía ver todo el panorama, a lo lejos dos torres divididas por la presa, pero unidas por una tirolesa, además a un lado el monumento a la familia se levantaba en presencia de alguna pedida de mano.

Una vez concluida mi expedición en el lugar, salí de ese cuarto para seguir caminando por los pasillos hasta entrar a la puerta donde colgaba un letrero donde se leía Panadería Rocío, donde maravillada se me inundaron los pulmones al aroma a pan recién horneado. Era hogareño con luces amarillas colgadas por las paredes y en otra una bicicleta, la cual lucía rodeada de más luces.

Al cruzar la sala con las paredes pintadas de lustrosos grafitis, se puede ver al frente un estante con más decoraciones. En la barra de cerámica busqué mi orden, una pizza personal horneada y pan dulce que se prepara ahí mismo, la cual me proporcionaron amistosas personas. Desde ahí se podían ver un par de sillones con una mesa de centro encima de una tabla, y por todas partes muchas más plantas, las cuales refrescaban el lugar.

Al salir de ahí y dirigirme a otra nueva puerta, la cual estaba pintada de negro con dibujos de flores rojas y ramas verdes, me encontré un sitio que me transportó a  un lugar ambientado en otra época, con una cultura de antaño, guiada por una cartelera que se mostraba en pantallas del Teatro Bárbaro. Tomé asiento en una silla y frente había un hombre con un arma de utilería en mano sentado en un sillón, con una expresión de preocupación. Ninguno de quienes estábamos presentes le perdía detalle.

De pronto, cuando el lugar se vio lleno, dio inicio la obra que nos robó cada parpadeó. Al final las luces se encendieron, sacándonos del trance. Y al salir de la sala me volví hacía un pasillo donde había máquinas de escribir, diplomas, constancias y certificados de participación en concursos de obras literarias, además de fotografías de Víctor Hugo Rascón Banda, el mejor dramaturgo de Chihuahua.

Terminada la visita, me giré hacia la salida y escuché cómo las campanas de la Catedral de Chihuahua retumbaban haciendo eco en cada rincón de esta ciudad. Crucé la calle Libertad y llegué al kiosco de la Plaza de Armas, una estructura estilo barroco de 193 años de antigüedad, con dos altas torres a los lados, donde eran instaladas un par de campanas. Sin embargo, era tarde para aventurarme a una nueva habitación, por lo que mi visita tuvo que concluir y regresé de nuevo a mi habitación, pensando en mi recorrido con patios llenos de magia y vida.

Atrévete a pasear por Chihuahua, entre su cultura, gastronomía y naturaleza

Si te agradó formar parte de mi experiencia por medio de esta lectura, puedes tener tu propio paseo a los lugares que más te gusten, por lo que siempre existen las guías turísticas como lo es Chihuahua Bárbaro. De igual forma si deseas conocer el Centro Histórico puedes estar de cerca con museos, exposiciones y actividades que fomenten la cultura por medio del Instituto de Cultura e inclusive los proyectos ecológicos, servicio comunitario y salud los puedes incluir en el itinerario al visitar esta ciudad de Chihuahua.

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