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Jóvenes juarenses desarrollan material orgánico para sustituir al unicel y ganan feria nacional de ciencia

En ocasiones el conocimiento y las ganas de superarse tienen que nadar contracorriente de instituciones y gestos de nula cooperación. Sin embargo, pese a las dificultades, el equipo juarense formado por Irvin Feliciano Siles y María Fernanda Corral Barrera consiguió el segundo lugar en la Feria Nacional de Ciencia e Ingenierías (Fenaci) 2019, con su proyecto Agropolimex, un unicel a base de maíz y nuez.

Para la competencia, realizada en Oaxaca, del 12 al 14 de noviembre de 2019, en la categoría Físico matemáticas y ciencias de la tierra, el equipo de Irvin Feliciano, de 20 años de edad, y Fernanda Corral, de 16, presentó Agropolimex (Agropolímero Mexicano), un polímero que podrá sustituir al unicel, hecho de maíz y nuez.

“El conocimiento es universal y está al alcance de todos aquellos que desean obtenerlo”. –Irvin Feliciano Siles.

Este polímero, aunque aún no se logra al 100%, consiguió crear bandejas biodegradables a partir de los desechos de la mazorca sin granos de maíz y nuez pecana. Irvin, explicó que usar estos residuos no compromete la alimentación y la economía de las regiones de donde son originarios estos productos, y mantienen una alternativa para crear un material sustentable.

Un polímero es una cadena de moléculas naturales o sintéticas que sirven para hacer un material plástico o endeble a sí mismo. Dijo que los seres humanos producen polímeros, como las proteínas y la glucosa; y las plantas tienen la celulosa, que fue lo utilizado para crear la bandeja, y que es 90% orgánico.

En un principio el proyecto de unicel se llamó Biosenumex (Biopoliestireno Expandido de Elote y Nuez Mexicano), pero les aconsejaron cambiarlo a Agropolimex, pues era más secillo.

Irvin, señaló que llegar al segundo lugar de la competencia Fenaci no fue sencillo. Todo comenzó en 2018, cuando él fue galardonado en el Premio Municipal de la Juventud en Ciudad Juárez, y Fernanda se acercó a pedirle que fuera su mentor, sin embargo, no habían podido concretar nada hasta inicios de 2019, cuando empezaron a trabajar en el proyecto del unicel de material orgánico.

En todo ese año, a pesar de tener el permiso de los padres de Fernanda, la escuela a la cual asiste, el Cbtis 114, no se mostraba complacida y llegaron a rechazarlo por su corta edad y “falta” de experiencia. Sin embargo, obtuvieron apoyo de la Universidad Tecnológica de Ciudad Juárez con laboratorios y materiales, institución a la que él pertenece y donde estudia la Ingeniería en Sistemas Computacionales.

También recibieron apoyo de Iván Alziri Estrada Moreno, de Cimav; Berenice Hernández, del Instituto de Innovación y Competitividad; Édgar Marín y su mentor, Raúl Antonio Ramírez. Pero a quien más está agradecido, mencionó, es a Dios por la oportunidad.

Comentó que además de los retos con la institución educativa de Fernanda, también tuvieron que enfrentar el que ella aún no supiera hacer un proceso de investigación científica, y aprender en tan poco tiempo cómo hacer química y nuevos materiales. Mientras que, por su parte, al no ser especialista en química, su reto fue aprender a la par para buscar la mejor manera de enseñarle, no obstante, aseguró que cuando tiene un motivo para obtener un conocimiento lo aprende porque lo aprende, y el motivo era su alumna.

Para Irvin, lo más hermoso de la ciencia no se genera cuando la descubres y te premian, sino cuando la disfrutas y te apasiona, éste es el fin del método científico y era un punto en el que quería concentrarse para trabajar con Fernanda, por lo que señaló que esta experiencia con ella fue una gran enseñanza para él.

Su edad y su nivel educativo también representaron una pared que sortearon juntos, como equipo, pues el año pasado fue el asesor más joven y en ocasiones lo confundían con un estudiante, por lo que más de un mentor se molestó con él, ya que apenas un año antes, en 2018, se había presentado como participante. Cabe señalar que en el Fenaci sólo participan estudiantes de preparatoria.

De polímeros, unicel, ciencia y conocimiento

Irvin recuerda que desde los 5 años lo ha llamado la ciencia. Se recuerda a sí mismo jugando a que llegaba a la Luna con una caja de cartón. Además, son constantes las preguntas en su mente desde que era niño, tal vez simples, pero que despiertan su curiosidad, como saber por qué el cielo es azul o por qué las hojas caen. Pero para él la curiosidad es el principal motor para adentrarse al mundo de la investigación; y quien tiene curiosidad, tiene hambre por aprender.

Ante la pregunta de por qué estudiaba Sistemas, respondió que en prepa salió como técnico en Soporte y Mantenimiento de Equipo de Cómputo, y un amigo y él decidieron Sistemas para su universidad pensando que podrían arreglar computadoras de manera más profesional, pero se toparon con que la currícula se basaba en programar. Aún con esta preparación no quitó el dedo del renglón de la ciencia, y una científica alguna vez le dijo que terminara la carrera que había elegido primero, por dedicación y porque todo el conocimiento era útil. Pero sus planes están en seguir aprendiendo, en el Cimav tal vez.

Mencionó que una de sus preocupaciones se basa en que las personas jóvenes necesitan un impulso en la vocación científica para el desarrollo y bienestar del país, por lo que para él ser divulgador y profesor representaría ayudar a crear este impulso. Así que por ahora sus planes se centran en su hermana menor Karen, a quien asesora en la creación de otro plástico, pero ahora una bolsa de polietileno a partir de residuos agrícolas.

Aconsejó a la juventud chihuahuense emplear la ciencia con mucha diligencia, ya que con ella podrán hacer todo conforme a la voluntad de Dios, que para él esto se basa en ser un gran científico: hacerlo por amor y no por ambición.

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